EL JARDÍN DE LAS PALABRAS: UN DÍA DE LLUVIA PARA ESCUCHAR NUESTRA ALMA

EL JARDÍN DE LAS PALABRAS: UN DÍA DE LLUVIA PARA ESCUCHAR NUESTRA ALMA

Un trueno lejano, el cielo nublado, en caso de que llueva, ¿te quedarás a mi lado?

Un muchacho que hace zapatos, una mujer que quiere volver a andar, encuentros no planeados en días de lluvia… Una historia sobre la soledad y el dolor que existe antes del amor. Una mañana lluviosa, Takao, un estudiante de secundaria que practica para ser zapatero, falta a clase para ir a diseñar zapatos a un jardín de estilo japonés. Allí conoce a Yukino, una misteriosa mujer mayor que él que bebe cerveza sola en el parque. Sin planificarlo, los dos comienzan a verse los días de lluvia y su relación se va estrechando poco a poco. Takao desea que Yukino vuelva a encontrarse a sí misma y para ello decide fabricarle unos zapatos con los que tenga ganas de caminar de nuevo. Pero el final de la temporada de lluvias se aproxima inexorablemente.

NECESITAMOS UN RESPIRO DEL MUNDO QUE NOS RODEA

La historia nace con dos personajes principales que constituyen la espina dorsal de la película: Takao Akizuki y Yukari Yukino. Tanto él como ella llevarán prácticamente todo el peso de la historia, centrando en ambos el interés del espectador, ya que el argumento nace, crece y termina con estos dos personajes. En algunos momentos el peso de la historia se reparte entre algunos personajes que hacen los coros a esta pareja, pero rápidamente regresa a las manos de Takao y Yukari.

Takao Akizuki es un estudiante de 15 años que tiene claro que quiere llegar a ser diseñador de zapatos, que no zapatero. Esta obsesión nace de su infancia, de un pasaje en el que su madre calza un bonito zapato de tacón rojo de charol. Cuando él ve a su madre subida en estos tacones se queda tan embelesado, que decide orientar su vida al diseño de zapatos, principalmente de mujer.

Los días de lluvia le gusta pasear por un jardín donde hay un pequeño quiosco que da a un lago, un rincón apartado de la realidad. En ese rincón de calma a veces escribe, dibuja, diseña pequeños patrones de calzado. Un día, en una de sus escapadas del mundanal ruido, llega a su rincón. Pero esta vez algo ocurre, un suceso que le hará cambiar la manera de pensar con respecto a su vida: un día de lluvia conocerá a Yukari.

Yukari es una chica de 27 años que padece un desorden digestivo que le impide saborear nada que no sea el chocolate y la cerveza. Yukari se encuentra con Takao en ese pequeño quiosco al que él suele acudir. Al principio se muestra muy hermética con este chico que ha conocido por casualidad, pero con el paso del tiempo, comenzará una relación de amistad en la que irá descubriendo las inquietudes y los deseos laborales de su nuevo confidente.

La primera vez que coinciden es fruto del destino, pero según pasa el tiempo, el interés en coincidir en ese punto de encuentro deja de ser fortuito. Sin mediar conversación de cita, ambos hacen lo posible por verse en los días de lluvia, pues sólo en esos días coinciden en el jardín. Takao incluso desea que llueva para poder encontrarse con Yukari, compartir sus experiencias, enseñarle sus diseños… Hasta que un día ocurre algo que cambiará el curso de la historia: Yukari le acerca su pie desnudo para que lo tome como molde para un zapato a su medida.

EQUILIBRIO ENTRE SONORIDAD E IMAGEN

Uno de los aspectos más impresionante en esta película es el color, el grafismo es impresionante. Se parte de la base de que lo más destacable de Makoto Shinkai es el cuidado con el que trata la imagen. En otras películas en las que también ejerce de director como “Viaje a Agartha” o “5 cm por segundo”, se puede apreciar el juego intenso que hace con el color. La felicidad o ilusión la representa con colores primarios muy vivos e intensos; los rojos, verdes y azules puros tiene su protagonismo muy marcado en los pasajes emocionalmente positivos del guión.

Pero también sabe cómo manejar los sentimientos de tristeza, pena, desasosiego; con grises, azules apagados, negros y gamas parecidas nos quiere dar a entender esa sensación de pena o angustia del protagonista. En cierto modo, Shinkai quiere que el espectador entienda un lenguaje oculto en el color, un lenguaje que unido a los diálogos aportan intensidad, y sobre todo enseñan a quien lo está viendo, con qué se va a encontrar. No hacen falta palabras, solo es necesario ver la imagen.

Hay también un acusado intento por cuidar los efectos sonoros. Si el equipo de sonido es bueno más allá de un simple estéreo, se pueden identificar todo tipo de sonido ambiente que ayuda a entender dónde estamos, qué vamos a hacer. Sobre todo, estos efectos destacan en los momentos en los que ambos protagonistas se encuentran en ese quiosco que hay dentro del jardín. Se puede apreciar el sonido del agua, la lluvia cayendo alrededor, e incluso cómo las hojas acarician levemente el agua del estanque.

OPINIÓN FINAL

Cuarenta y cinco minutos. Tan solo cuarenta y cinco minutos. Es el tiempo que ha necesitado Shinkai para narrarnos una historia tan corriente y real, que duele. Nada de finales idealizados, nada de fantasía, nada sobrenatural o extraño. Tan solo la vida misma, adornada con un grafismo excelente y un sonido de la misma calidad. Una obra maestra más de Makoto.

Un trueno lejano, el cielo nublado, aunque no llueva, me quedaré a tu lado.

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