EL VIENTO SE LEVANTA: UNA OBRA MAESTRA AL SERVICIO DE LA FELICIDAD

EL VIENTO SE LEVANTA: UNA OBRA MAESTRA AL SERVICIO DE LA FELICIDAD

Una pantalla azul en la que se puede leer «STUDIO GHIBLI» se presenta ante nosotros al principio de la última obra maestra del maestro Hayao Miyazaki y compañía. No hay nada especial de manera superficial: el mismo logo de siempre, las misma letras de siempre y el mismo silencio respetuoso. Todo ello susurra a gritos que estamos a punto de dejar volar nuestra imaginación y disfrutar de una película como un niño inocente.

Es la misma puerta, suave, educada y extremadamente cohibida que nos recibe de nuevo. Acogedora como la que más, con unos segundos de penumbra que, esta vez, cobran más fuerza reflexiva que nunca: todos sabemos que es la última. El fin de una era, aunque luego pueda llegar a escarcear con otros medios, al fin y al cabo. Los últimos pasos sobre un camino que, al contrario que en otros campos en los que durante estos años se sufren irremediables relevos generacionales claros, aquí parece no encontrar una continuación definida sino un callejón cerrado que nos impide ver lo que pasará en un futuro que se antoja, de primeras, huérfano de ese sello tan puro y reconocible con el que el genio japonés ha sabido firmar cada uno de sus trabajos.

CON CUIDADO Y NATURALIDAD

El Viento se Levanta (Kaze Tachinu en el original, tanto en el manga que Miyazaki dibujó en 2009 como en la versión cinematográfica) es una obra maestra capacitada donde todo surge estupendamente natural. Es una historia disfrutable, agradable a primera vista y amable en las dos horas y pico que requiere para relatarnos la vida de Jiro Horikoshi, un ingeniero aeronáutico con el que Miyazaki quiere darnos un concluyente consejo, una última lección que cierre toda esa retahíla de ecológico y sentimentalista mensaje que desde el principio nos ha querido contar: luchemos por nuestros sueños. Como si de un último empujón se tratase, relata acerca de la importancia de las metas, de seguir volando y de afrontar las dificultades. Y lo hace a través de las desventuras del antes mencionado Horiskoshi, diseñador del que fuera uno de los aviones japoneses más reconocibles de la Segunda Guerra Mundial, el Zero.

La historia se basa en una etapa bélica del país. Al inicio se muestra como el sueño que tiene el ingeniero de poder surcar los cielos desde su más temprana infancia, se ve truncada por la miopía de la que no carece. Este hecho no le frena, pues en un sueño se encuentra con uno de los ingenieros más famosos de la época: Giovanni Caproni, quien le ayuda a decidir cuál será su futuro. La película avanza sin dar más detalles de sus etapas más jóvenes hasta mostrarnos a un Jiro ya graduado que empieza a trabajar en un proyecto de diseño de cazas para la guerra junto con alguno de sus amigos. Por último, Hayao nos relata su vida más personal, sus viajes y su momento más satisfactorio, no a nivel personal, pero si a nivel profesional.

JIRO Y CAPRONI EN UN SUEÑO

ALGUNOS DETALLES

Miyazaki no nos da muchos detalles sobre el conflicto internacional que envuelve el metraje, muy probablemente por la derrota de Japón en la guerra. En cambio, se centra en los avances de la época en cuanto a aviación y la gran importancia de la nación alemana en muchos de esos progresos.

También nos muestra las relaciones más personales del joven ingeniero y su historia de amor con Naoko, hija de un millonario japonés, sufre de tuberculosis al igual que su madre ya fallecida. Las escenas que comparten la pareja son las mejores de la película a nivel global. Entre ellas destacan su envío de aviones de papel en el hotel que frecuentan, la famosa escena en la que se conocen o su casamiento en casa del jefe de Jiro.

OPINIÓN FINAL

Sin lugar a dudas, una de mis películas favoritas de anime. Su grandiosa animación, su fantástica banda sonora de Joe Hisaishi y su naturalidad, hacen de esta obra una maravilla audiovisual. Es un testamento genuinamente perfecto: alejado de cualquier tipo de trivial fantasía ya conocida. Miyazaki se ha centrado en un tema que le apasiona, para darse un último regalo animado. A él, pero también a todos nosotros.

Una despedida inigualable, porque es una buena historia, pero también es, de manera más amplia incluso, una cinta maravillosa por como resuelve todo lo que supone.

«Le vent se lève, il faut tantrer de vivre« Paul Valéry

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